EL TIEMPO DETENIDO



EL TIEMPO DETENIDO


A UN MES DEL SISMO QUE SACUDIÓ A VENEZUELA Y NUESTRA MEMORIA.


Por:
Jesús Fernando Rodríguez Prieto
Fecha: 24 de julio de 2026.


Hay fechas que quedan marcadas no en las hojas de un calendario, sino en la piel colectiva de una nación. Para Venezuela, la tarde del 24 de junio de 2026 se transformó en una grieta profunda que separó la cotidianeidad del abismo. Hoy, al cumplirse exactamente un mes de aquel trágico evento telúrico, el país no solo contabiliza los daños materiales; hoy, sobre todas las cosas,

Venezuela guarda silencio para honrar la memoria de quienes partieron.

La tarde en que la tierra rugió


Era un día común, de esos en que las conversaciones transcurren entre la prisa diaria y el calor de junio. Sin embargo, en cuestión de segundos, la naturaleza impuso su fuerza incontestable.


El estremecimiento de la tierra desató la incertidumbre, el rugido subterráneo ahogó las voces y, en un abrir y cerrar de ojos, la geografía urbana y rural sufrió heridas que tardarán años en cicatrizar.


Más allá del impacto en las estructuras físicas y los escombros que aún se despejan en diversos puntos de la geografía nacional, la verdadera pérdida habita en el vacío de los hogares.

Detrás de cada cifra oficial hay nombres, rostros, historias inconclusas, sueños interrumpiéndose a mitad de camino y familias que hoy intentan aprender a articular el dolor.

La luz entre los escombros: la solidaridad humana


Si el 24 de junio mostró la cara más devastadora de la naturaleza, los días posteriores revelaron lo más noble de la condición humana. 

Ante la emergencia, la respuesta no esperó:
Manos voluntarias


Cientos de ciudadanos se lanzaron a las calles a mover piedras, coordinar acopios y ofrecer apoyo cuando las comunicaciones colapsaron.

Los héroes de uniforme Cuerpos de rescate, paramédicos, bomberos y personal de salud trabajaron sin descanso durante jornadas interminables, desafiando el cansancio para devolver esperanzas.


El abrazo colectivo:


Desde cada rincón del país y el exterior, la ayuda humanitaria fluía como un recordatorio de que en las peores crisis nadie está completamente solo.
Perdimos techos y paredes, pero no la dignidad ni la capacidad de sostenernos unos a otros.


"Hoy lloramos a nuestros vecinos, pero mañana nos levantaremos por ellos" comentaba entre lágrimas una sobreviviente durante una de las vigilias organizadas esta semana.

Honor a quien honor merece


A un mes de la tragedia, este tributo no busca únicamente recordar el espanto del impacto, sino preservar la dignidad de las víctimas. Recordar no es habitar en la tristeza constante, sino asumir el compromiso ineludible de la prevención, la reconstrucción consciente y la empatía permanente.


Las velas encendidas la noche de este 24 de julio en distintas plazas del país no solo iluminan la oscuridad del duelo; representan la promesa de que los nombres de los cayeron no serán borrados por el polvo ni por el tiempo.

Venezuela reconstruirá sus paredes, levantará de nuevo sus ciudades, pero llevará para siempre en su historia el legado de resistencia y amor de sus víctimas. 

Que en paz descansen.

EDV/NOTICIAS 

Jesús Fernando Rodríguez Prieto 

Comentarios

Entradas populares de este blog

FAKE NEWS EN EL CARIBE

GUERRA PSICOLÓGICA DE E E.U.U CONTRA LA PATRIA DE SIMÓN BOLIVAR.

EL MUNDO AL REVÉS